Colaboraciones
01 de noviembre de 2007
Dame las drogas y te traeré la gloria
lber Vázquez
Hay dos tipos de ciclistas: los que se ponen hasta las cartolas y los que se ponen hasta las cartolas y les trincan. No hay más. Y el que diga lo contrario, miente como una puta.
El caso es que por alguna razón misteriosa que a mí se me escapa, todo Dios prefiere fingir y mirar para otro lado: hacer como que no. La épica se consigue con las venas limpias y un inmaculado afán de victoria. Eso es, oficialmente, el ciclismo: un buen montón de chavalotes sanos a más no poder que entrenando duro, comiendo carne de vacuno gallego y bebiéndose un buen vaso de leche todas las noches, consiguen hilar gestas más allá de lo sobrehumano. Se te eriza el vello del cogote al leerlo, ¿a que sí?
Pues no, pero nosotros nos lo creemos, porque aquí somos así. Aquí nos mola la épica y tragamos con carros y carretas muy a pesar de ese parroquiano tocahuevos y amargaetapas, por lo general con una copa de más, que habita el hostil ecosistema del bar a la hora de la partida: que si este año Valverde no va porque le han quitado el chute, que si Zubeldia antes sí pero ahora ya no tanto, que si Mayo se viene abajo a partir de la segunda semana, etcétera. Con estos ojitos que se ha de tragar la tierra, este servidor ha visto cómo a tipos así los sacan a empellones del establecimiento. Porque aquí somos todos devotitos de Fulano y tú no vienes a amargarnos la fiesta. Borracho. Cantamañanas. Y así.
Foto (cc) John Spooner. Axel Merckx en el prólogo del Tour de Francia 2007.
La verdad es una y sólo una, las cosas claras: nadie va más puesto que un ciclista. Ni siquiera los miles de aficionados patrios que atestan y apestan las carreteras del Tour cuando este atraviesa los Pirineos. Que ya es mucho decir, oiga. ¿Y por qué? Porque el ciclismo se hace a partir de drogas, cuantas más mejor. Si no, ¿de qué? Que se ofendan todos los que quieran, que se echen a llorar o que se rasgue las vestiduras hasta el último mecánico del equipo más modesto: sin drogas, no hay ciclismo. A misa con esto.
Y ojito, que no hablo sólo del ciclismo profesional, que a fin de cuentas, lo practica la gente para poner el pan encima de la mesa. Me refiero también al deporte aficionado, a esos cientos de chavales que se juegan todo a una carta para destacar y conseguir que alguien les eche el ojo encima y les pase a profesionales. Esos también se ponen. Que lo sé de buena tinta. Vale, igual no se ponen todos, pero sí muchos. Sí todos los que lo consiguen. Porque conseguirlo e ir puesto, son sinónimos deportivos. Un gran vaso de leche no es suficiente. Donde esté un buen camello, que se quiten mil vacas.
De manera que convendría ir dejándonos de monsergas, de idioteces y de mojigaterías. Hay que llamar a las cosas por su nombre y si queremos espectáculo del bueno, debemos permitir que los ciclistas se droguen todo lo que puedan. Es decir, tenemos que permitir que las cosas sigan como están, pero sin hacer como que no están como están. Cuando lo están. Porque lo están. Digan lo que digan, se indignen lo que se indignen, lo están.
El ciclismo ha de convertirse, para sobrevivir, en algo similar a la lucha libre mexicana: en un teatrillo para echarnos unas risas. ¿Que podemos creernos que todo es épica y pundonor? Pues sí, que cada uno se crea lo que quiera. Como en la lucha libre mexicana, dicho sea de paso. La fantasía es necesaria para vivir y en estos perros tiempos que nos ha tocado, más que nunca. Yo también pienso a veces que Sharon Stone me llama por el portero automático para ver si me voy a tomar unas copas con ella.
Pero lo que a mí me parece obsceno e intolerable es toda la doble moral que envuelve la gesta. Si toman drogas, pues que las tomen. Si nosotros hemos venido a pasar el rato. ¿Qué más dará? Que las tomen, por el amor de Dios, cuantas más, mejor, y que suban montañas y montañas hasta reventar. ¿Que damos un mal ejemplo a los chavales? Sí, es cierto, damos un mal ejemplo. No seré yo el que ponga por escrito que tomar drogas está bien. No, niños, no, las drogas son malas, malísimas, y se te comen las neuronas. Pero cuando se toman, hay que decirlo: se toman. Y los ciclistas las toman.
Debemos afirmarlo abiertamente y admitir que los ciclistas son gente chunga. Gente tramposilla que hace todo lo que está en su mano para ganar. Ganar a cualquier precio y sin respeto alguno por el nota que pedalea al lado. Ese, que se joda. Cuidadín que no te pillen, nada más. Y si te pillan, negarlo todo y hasta desgañitarte. Esas son las dos instrucciones básicas.
Puede que las drogas sean malas. Puede que sí, no lo sé. Yo sólo tomo un vasito de vino con las comidas, y porque lo recomienda la dieta mediterránea. Pero de lo que estoy seguro con absoluta certeza es de que mentirse a uno mismo está fatal. Y mentir a la chavalería, ya ni te digo. “Si estudias mucho y te sacrificas mucho, estará en tus manos conseguir lo que te propongas en el mundo; mira, si no, los ciclistas”. Ya, pues no, porque siempre habrá un listo haciéndose el listo que te pasará por encima. Y tú con el vasito de leche en la mano y una mueca idiota en mitad del rostro.






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